El espejo roto del mundo

I. EL ESCENARIO (La Tierra y el Cemento)

Caminé por un valle de vidrio y de flores, un lienzo pintado de mil y un colores, donde el sol entibiaba la piel de la gente, un mundo bello, sublime e inocente. Vi al padre enseñando a su hijo a volar, cometas de tela, risas de mar, pensé que la paz era un nudo de acero, que nada quebraba este amor verdadero. Pero gira la moneda, el viento cambió, y el monstruo dormido el colmillo mostró.

Entré a la ciudad de cristal y cemento, milagro del genio, tocando el firmamento, torres de plata, refugios de lujo, donde el dinero ejerce su embrujo. Pero mira al suelo, al frío pavimento, ahí duerme el anciano, comiendo su aliento. Alzamos castillos que tocan a Dios, mientras pisamos al pobre en el adiós. Bajé a las minas, la tierra profunda, buscando el litio pa’ que el mundo cunda, gracias a eso tienes luz y motor, pero mira al minero tosiendo dolor. El brillo que llevas en tu dedo anular, se paga con sangre en un hueco lugar.

II. LA MÁQUINA (Cosecha y Engranaje)

Vi el campo sembrado de trigo y de sol, el grano dorado que nos da el control, la tierra es la madre que da de comer, la fuerza sagrada que nos hace crecer. Pero mira el surco, reseco y gritando, con químicos fuertes lo están envenenando, y el niño que cosecha con manos llagadas, mientras tú tiras sobras en bolsas cerradas. La tierra da el pan que alimenta al hambriento, y la misma tierra traga al cuerpo sangriento.

Oí los motores, la industria, el vapor, el tren del progreso rugiendo furor, ganamos al tiempo, vencemos la hora, pero el cielo gris es un alma que llora. El hielo se rompe, el clima se venga, no existe muralla que al mar lo detenga. La fábrica crea el zapato y el traje, y cobra al planeta un mortal peaje.

III. LA MENTE (Ciencia, Redes y Veneno)

Miré a la ciencia, antorcha sagrada, la vida extendida, la muerte burlada, médicos héroes cerrando la herida, devolviendo al pulso la fuerza y la vida. Pero vi en el cuarto de al lado, escondida, la mente que crea el arma suicida, el virus, el gas, la plaga en probeta, la droga legal que te ofrece la meta. Pastillas que duermen, que calman, que matan, cadenas químicas que al hombre desatan. La mente que inventa la cura y la luz, diseña los clavos de la nueva cruz.

Y vi la pantalla, la red infinita, el saber compartido que el alma necesita, estamos unidos a un clic de distancia, curando con datos la vieja ignorancia. Pero vi el insulto, el filtro, la farsa, la vida perfecta que es una comparsa, la niña llorando por un “like” ausente, sola en su cuarto rodeada de gente. Tenemos el mundo en la palma de la mano, y olvidamos los ojos de nuestro hermano.

IV. EL PODER (Palabra, Ley y Guerra)

Oí al orador, el discurso de miel, hablando de paz sobre un blanco papel, su voz era un bálsamo, flor de la nación, calmando las dudas con gran emoción. Pero tras el telón, sentí el temblor, firmaba en secreto la guerra y el horror, mandaba a los jóvenes al frente a morir, mientras él brindaba por su porvenir. La lengua que besa y promete lealtad, es la misma que escupe la cruel falsedad.

Vi a la justicia, la dama vendada, con su libro de ley y su espada sagrada, un muro de orden, de paz y de fe, protegiendo al hombre que se pone de pie. Pero vi al billete comprando al jurado, y al pobre inocente quedar encerrado, la celda es pal’ que roba pan por comer, la mansión pal’ que roba por puro placer. La ley es el muro que cuida al decente, y la trampa que atrapa al pobre inocente.

Y ahí estaba la guerra vestida de honor, banderas ondeando con mucho color, soldados valientes, coraje y defensa, la guardia de hierro ante la ofensa. Pero vi la bomba caer en la escuela, la pierna arrancada, la sangre que vuela, el negocio redondo de vender el plomo, cargando la muerte en ajeno lomo. El arma defiende tu paz y tu sueño, matando al hijo de otro dueño.

V. EL ALMA (Amor, Silencio y Espejo)

Sentí el amor loco de dos corazones, rompiendo cadenas y viejas prisiones, la pasión que desborda, gemidos y besos, uniendo las almas, la carne y los huesos. Pero vi cómo el celo se vuelve cuchillo, transformando en sangre el dorado anillo, y vi en la esquina la trata de blancas, cuerpos vendidos, miradas estancas. El abrazo que salva y te hace sentir, puede apretar tanto que impide vivir.

Escuché el silencio de la madrugada, la paz que permite la mente calmada, donde nacen los sueños y el arte florece, donde el espíritu crece y se mece. Pero hay otro silencio, cruel y revés, el del que ve el crimen y cuenta hasta diez, el que calla el abuso, el que mira hacia un lado, cómplice mudo del mal desatado. El silencio es la música de la reflexión, y también es el socio de la traición.

Al final del camino, me miré en el espejo, y vi al ser humano, sin filtro ni añejo. Capaz de ser niño y capaz de ser viejo, capaz de ser piedra y capaz de ser pellejo. Vi ojos buscando un poco de ternura, y vi la locura, la envidia, la dura realidad de que el monstruo no vive allá afuera, ni en el cielo, ni en mar, ni en la trinchera.

Es un mundo tan bello que duele mirarlo, tan sucio que a veces quieres vomitarlo. Tan roto que nadie puede repararlo, tan fuerte que nada puede acabarlo. Somos el cáncer y somos la cura, somos el beso y la mano dura. No busques demonios, no busques a Dios, para hallar la respuesta solo somos dos: Tú y yo, el ángel que canta y que ríe… y la bestia maldita que nadie se fíe.